
Es innegable que el efecto dominó de la crisis hipotecaria de EE.UU. afectó a todo el mundo, a algunos países más que a otros, a algunas personas más que a otras. En ciertos lugares la crisis fue meramente artificial, donde empresas e individuos prefirieron ahorrar en sus gastos habituales (sobretodo de fin de año) para estar preparados frente a escenarios graves como la reducción de salarios, el aumento en la tasa de interés, el alza del costo de la vida o el despido masivo de empleados.
Nos llegó una especie de "terrorismo" económico a través de los medios, donde los


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